Duodécimo Doctor

El Duodécimo Doctor es el resultado de la explosiva regeneración del Undécimo Doctor en Trenzalore, producto de la «regeneración número trece». Se trata de la primera encarnación del segundo ciclo de regeneraciones del Doctor, proporcionado gracias a los Señores del Tiempo.

Con conocimiento de la supervivencia de Gallifrey, ya no tiene el sentimiento de culpabilidad característico de sus encarnaciones pasadas. Es un personaje más oscuro que incluso ha llegado a cuestionar su propia moral. Aunque tenía rasgos de bondad y un buen sentido del humor, a menudo los deja de lado en situaciones tensas, pasando a ser frío y calculador en momentos críticos que necesitan buen juicio y la toma de decisiones agudas.

Por desapegarse de las emociones, puede resultar desagradable, temible y despiadado. Estas cualidades tienden a aterrorizar a aquellos a su alrededor, incluso a sus acompañantes. Se convirtió en alguien más difícil de confiar y reconoció su cambio de personalidad a una más negativa, sintiéndose indignado y temeroso de en qué se estaría convirtiendo.

Muerte:
En el interior de la TARDIS, el Doctor llegó a la conclusión de que una regeneración más no mataría a nadie, excepto a sí mismo. Luego de dar un discurso orientado a la encarnación que estaba próxima a llegar, en el cual le ofreció una serie de recomendaciones, el Doctor dio sus últimas palabras antes de regenerarse: «Doctor, te dejo ir».

Una gran cantidad de energía regenerativa fue expulsada de la cabeza y manos del Doctor conforme la regeneración continuaba. Al igual que en el caso de la regeneración de su décima encarnación, el proceso le causó un gran daño a la TARDIS. Tras finalizar la regeneración, el anillo del Doctor se deslizó del dedo de su nueva encarnación, cayendo al suelo.